Hay indicios de que, cuando llegaron los frailes españoles a Cocula, se dieron cuenta de la facilidad de los lugareños −conocidos como indios cocas− para reproducir sonidos armónicos y, al correr el tiempo y ser totalmente conquistados por los españoles, éstos transformaron sus propios ritmos autóctonos, y adoptaron instrumentos españoles como el violín y la guitarra; luego el guitarrón y la vihuela, instrumentos sin los que el mariachi que hoy escuchamos, carecería de su sonido característico.

De esta manera, como la mayoría de las tradiciones mexicanas, si no es que todas, el mariachi representa, no más de que un mestizaje de caracolas, teponaztlis, huéhuetls, flautas de carrizo o barro con guitarras y violines.

Para 1965, los cocas inventaron la vihuela y, posteriormente, el guitarrón −que sustituyó el laúd y al contrabajo españoles, respectivamente−. Ya para la década de los 30 del siglo XIX, había en Cocula (Jalisco), al menos dos mariachis: el de Coculán y el Chivatillo; de éstos surgió el Mariachi Salinas, patriarca de los grupos de cuerdas que tocan música vernácula, gracias a que sus instrumentos se componen por un guitarrón, dos violines, una vihuela y una chirimía.

La llegada de la fama

No obstante, de todas estas peculiaridades que vienen desde la Conquista, no fue hasta el siglo pasado cuando se dio la fama de los mariachis.

En 1939, el aún candidato a la presidencia de México, Lázaro Cárdenas, invitó al Mariachi Vargas de Tecatitlán (fundado en 1898 por Gaspar Vargas) a su campaña electoral por la República, dando como resultado una revaloración del mexicano por este género de música vernácula. Incluso se dice que, el mariachi se revaloró tanto, que el grupo de los Vargas (que en la actualidad va por la quinta generación de músicos), se convirtió en modelo a seguir.

La llegada del traje típico

Cuenta la leyenda que, a finales del siglo XIX, fueron varios los mariachis que se dieron a conocer en Cocula y Tecatltlán. Se dice que en 1986, el mariachi llegó a la Ciudad de México. A principios del siglo XX, el Mariachi de Cirilo Marmolejo impuso el traje de charro en su conjunto musical y, a partir de entonces, varios grupos lo imitaron.

Durante el porfiriato, con el bien sabido afrancesamiento nacional, no fue buena época para el mariachi. Así como el tequila, se les consideró propio de la plebe, para las clases bajas. No obstante, hay registros de que en 1905 y 1907, Porfirio Díaz celebró con música de mariachi su cumpleaños y el recibimiento al secretario de estado norteamericano, Elihu Root.

El origen de la palabra

Para saber de dónde viene la palabra "mariachi", hay varias teorías. Incluso actualmente se dice que es incierto.

Hay quienes aseguran que se trata de una palabra coca, con la que en la Nueva Galicia, los indígenas de Techaluta nombraban a un tablado de madera en el que realizaban sus bailes y zapateados. Otros afirman que deriva de un árbol −hoy negado por los habitantes−, con cuya madera se construían dichos tablados.

La siguiente versión indica que “mariachi” es una palabra mestiza formada por el hebreo “María”, y el coca “shi”; y se refiere a las letras (en honor a María) y música (sones) que los habitantes de Cocula crearon para adorar a la Virgen de la Pila (la Inmaculada Concepción), llevada a tal territorio por Fray Miguel de Bolonia en 1528.

La última, y más aceptada, es la versión de origen francés, que asegura que viene de la palabra marriage −boda o matrimonio en francés−, y que con el tiempo se transformó en “mariachi”. Así la denominaron los franceses durante la intervención para referirse no sólo a las bodas, sino a la música que se tocaba en ellas.

Sea cual sea el origen de su fama, la llegada de su vestimenta y la raíz de la palabra, está claro que el mariachi es un icono mexicano, que nada receloso de sus tierras, ha migrado sin problemas a otros países como Guatemala, Honduras, Perú, España y Estados Unidos.